El caso de Isolina, la mujer de 100 años que no pudo ingresar a un supermercado por no contar con el permiso emanado de la plataforma Comisaría Virtual, nos recuerda que gran parte de las medidas implementadas durante la pandemia han olvidado la experiencia y condiciones de vida de los adultos mayores, tanto para comunicar lo que está ocurriendo, como también para facilitar la gestión de trámites concernientes a su vida.

Brecha digital

La inserción de los adultos mayores a las TIC’s ha sido problemática a nivel nacional, y sus consecuencias se han visto aceleradas por la crisis sanitaria global del COVID-19, dando muestras de que Chile continúa siendo un país hostil para envejecer debido a las bajas pensiones, ciudades mal diseñadas y pobres políticas públicas que vayan en directo beneficio de este segmento de esta población.

De un día para otro, todo pasó a transformarse en teletrabajo, clases virtuales y trámites que requerían la obtención y uso de la ClaveÚnica. Así, necesidades básicas como consultar por bonos o beneficios estatales, actualizar el Registro Social de Hogares  o pedir permiso para ir al supermercado exige contar con al menos un smartphone, una conexión a internet y una cuenta de correo electrónico que se revise habitualmente. La brecha digital hizo que la soledad se percibiera aún más en los adultos mayores, haciendo que se expusieran al virus al asistir a cultos, reuniones en espacios cerrados o al visitar a otros vecinos.

El término “brecha digital” fue acuñado a mediados de los 90’ por el Departamento de Comercio de Estados Unidos, para definir la desigualdad que crecía respecto al acceso a nuevas tecnologías. Con el tiempo se fueron identificando categorías dentro de estas desigualdades, asociadas a género, edad, etnia, clase, entre otras. Chile en la actualidad es uno de los países más conectados de América Latina, sin embargo, hay una brecha determinada por género (las mujeres pasan menos horas en Internet y cuando lo utilizan está más asociado a labores de gestión del cuidado), edad (las personas mayores de 60 años se están restando de este espacio) y territorio (existen aún demasiados pueblos y zonas de nuestro país sin acceso a una conexión estable de internet).

La brecha digital hizo que la soledad se percibiera aún más en los adultos mayores, haciendo que se expusieran al virus al asistir a cultos, reuniones en espacios cerrados o al visitar a otros vecinos.

Estas desigualdades se acentúan en momentos de crisis, afectando directamente en la calidad de vida de quienes las enfrentan. No poder realizar trámites, comunicarse con seres queridos o chequear cierto tipo de información se transforma en un terreno fértil para el auge de la postverdad, las fake-news y también del aislamiento. La Fundación Geroactivismo, que se dedica a comunicar y educar sobre los efectos del edadismo, señala que la discriminación a las personas por su edad puede superar a las de género o color de piel ¡Imagínate si esas discriminaciones además se dan de forma conjunta!

En la actualidad no hemos visto guías de trámites enfocadas en adultos mayores, y el mismo desconocimiento de las necesidades que atraviesan ha hecho que se generen enormes filas de personas buscando hacer trámites de forma presencial en temas relacionados a salud, farmacia, postulaciones a beneficios y más, que podrían haberse optimizado de haber contado con la infraestructura digital adecuada.

Exposición no consentida

Con las nuevas formas de comunicación digitales, también ha ocurrido otro fenómeno que afecta a los adultos y adultas mayores: el consentimiento para que su vida aparezca reflejada en las redes sociales. Durante varios talleres de acompañamiento en alfabetización digital que he realizado, ha surgido el tema respecto a que ellos no utilizan redes sociales como Instagram o TikTok y, sin embargo, se enteran por terceras personas que sus hijos, nietos o familiares han subido fotografías o vídeos suyos a estas plataformas, ya sea en tono de parodia o burla. En parte de estos talleres han solicitado que les informemos los protocolos que pueden realizar para dar de baja dichos materiales o cómo averiguar si existen más dando vueltas por la red.

Esta utilización no consentida de sus imágenes y videos, también supone un tipo de violencia, ya que no existe consentimiento para la divulgación de este material, ni mucho menos autorización para realizarlos, siendo grabados a veces sin saberlo en almuerzos familiares, celebraciones o incluso en recintos asistenciales, cuando están recibiendo tratamiento médico. Muchas veces estos vídeos o fotografías son exhibidos sin intención de dañar, sin embargo, también pueden explotar el morbo con el fin de obtener cierta cantidad de likes, comentarios o interacción con el resto de los usuarios. Recientemente se hicieron virales varias “bromas” realizadas por estudiantes a profesores que tenían más dificultades para conectarse o enganchar con el mundo digital.

¿Qué podemos hacer?

Lo principal: no hablar por ellos y ellas respecto a la toma de decisiones. Cada adulto mayor debería ser informado correctamente de las cosas que afecten directa o indirectamente su calidad de vida y decidir por ello. A nivel de políticas públicas es imperante poder avanzar hacia la alfabetización digital gratuita y el apoyo en materias de conectividad y acceso a dispositivos que podrían mejorar su calidad de vida. A nivel social, evitar caer en la mirada desde la lástima o la infantilización, las y los adultos mayores son sujetos de derechos y tienen necesidad de continuar con sus vidas de la mejor forma posible, dentro de ello está respetar sus voluntades y, por sobre todo, no exponerlos a situaciones que no han consentido.

Hace algunos años vengo pensando en cómo cada persona debería tener su propio manifiesto para habitar internet. Creo que mi primer artículo vendría directamente ligado al consentimiento. Siempre tenemos que cuestionarnos lo que publicamos y a quienes publicamos. A veces sin querer podemos estar revelando la ubicación de una amiga que no quiere ser encontrada, o transformando en burla o humillación un hecho que en la intimidad familiar parecía divertido. El apoyo comunitario puede lograr que más adultos y adultas mayores ingresen al mundo digital, y es necesario para ello que se encuentren con un territorio amable, que les permita explorar y obtener una buena experiencia de usuario.

En un año relacionado con elecciones presidenciales y ad portas de la redacción de una nueva Constitución, se hace imperante que nos sentemos a conversar con los adultos mayores que son parte de nuestras vidas y nos preguntemos de forma conjunta cuál es el Chile en el que queremos vivir, y cómo sortear las brechas que en estos momentos nos aquejan.

Recursos

● La Fundación Geroactivismo en conjunto con Bricofem, publicaron en marzo una Guía de estilo para comunicar de forma responsable, objetiva y realista sobre los adultos mayores en Chile y el mundo. Link de acceso.

● La cuenta del Proyecto Aurora de ONG Amaranta, entrega recomendaciones de seguridad digital en distintas plataformas actualmente utilizadas (Facebook, Twitter, Instagram, TikTok) y también reflexiones sobre el espacio digital. Si bien el proyecto está pensado para mujeres y disidencias, en la cuenta existen varias guías en formato tutorial que pueden ayudar a quienes estén recién aprendiendo a configurar sus dispositivos. Link de acceso.

● “Reconectadas” es un proyecto de Fundación Datos Protegidos y la Universidad Abierta de Recoleta, que busca entregar herramientas de alfabetización digital con énfasis en el uso seguro de Internet, mejoramiento de la conectividad; y creación de un podcast con las mujeres de la población Angela Davis de Recoleta. Link de acceso.


*Artículo escrito por Karen Vergara, periodista y magíster en estudios de género. Integrante de ONG Amaranta y la colectiva Ciberseguras.